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Orinó («el montañoso») hace honor a su nombre: situado a unos 620 m en la vertiente sur del Thrypti, pasa por ser el núcleo habitado más alto de la comarca de Ierápetra. Los plátanos, los nogales y el agua que baja de los manantiales de la sierra crean un microclima fresco que casi nada tiene en común con el calor de la llanura costera. El pino y la piedra marcan el tono. La carretera que sube desde Koutsouras serpentea por verdes valles laterales y, en las curvas de herradura, se asoma al mar de Libia; desde Ierápetra el trayecto en coche dura una media hora larga. Es un lugar pequeño incluso para lo que se estila en Creta – el censo de 2011 registró 101 habitantes, menos de la mitad de los 217 que anotaron los venecianos en 1583 –, y las aldeas vecinas de Andrianos y Kalyvitis han quedado abandonadas por completo.
Orinó no es conocido solo por su emplazamiento, sino también por sus viejas casas de mampostería. Viviendas restauradas con esmero se alzan junto a casitas abandonadas, y entre los senderos empedrados corren todavía estrechas callejas de tierra. El lugar se menciona por primera vez en 1368, en fuentes venecianas, como «Orno»; según la tradición local, el asentamiento primitivo estaba en el alto de Kastrí, enfrente, y solo más tarde se trasladó al sitio actual. Otra tradición, que se apoya en un topónimo y en las ruinas de una torre, sostiene que aquí vivió la familia del poeta nacional Dionisios Solomós antes de que la conquista otomana la expulsara de Creta. Las dos iglesias más importantes se remontan a tiempos bizantinos: Afentis Christos, dedicada a la Transfiguración y fechada en el segundo periodo bizantino, entre 961 y 1204, que conserva parte de sus pinturas murales, y, al sur, la vieja iglesia de San Demetrio (Agios Dimitrios), decorada con frescos. Ambas quedan de camino a la garganta y suelen estar cerradas; la llave hay que pedirla en el pueblo. A unos tres kilómetros por encima del caserío, por una pista de tierra, una presa de hormigón retiene el arroyo Goula y forma el pequeño lago de Skafi, llamado así porque desde lo alto recuerda el casco de una barca. Su agua transparente se mantiene fría incluso en pleno verano, y el lago luce más limpio que nunca en primavera.
Por encima del pueblo se eleva la cumbre del Thrypti, el Afentis Stavromenos, que con sus 1476 m es el punto más alto del macizo. Hasta ella conduce una variante del sendero europeo de gran recorrido E4; en la cima hay una pequeña iglesia dedicada a la Transfiguración de Cristo, a la que la gente del lugar llama sencillamente Afentis Christos, y a su lado un refugio de montaña que permanece cerrado con llave. Con tiempo despejado la vista alcanza los dos mares, las comarcas de Ierápetra y Sitía y, a lo lejos, la isla de Kasos. El descenso desde Orinó hacia la costa, a Koutsounari y Koutsouras, discurre por la garganta de las Mariposas Rojas.
El turismo apenas ha rozado Orinó: no hay dónde alojarse, solo un kafeníon y una taberna, a cuya mesa llegan caracoles, empanadillas de queso rellenas de mizithra, staka con huevos y cabrito al horno de leña. Ese es justamente el encanto de una excursión de un día, preferible en primavera, cuando corren los arroyos, o en una calurosa jornada de agosto, cuando apetece escapar de la costa durante unas horas.