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Pefki y la garganta de Pefki

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Pefki y la garganta de Pefki

Pefki (el nombre significa «los pinos») se asienta a unos 420 m de altitud en las laderas que quedan al norte de Makrygialos, siete kilómetros carretera asfaltada arriba desde la costa, en la austera y, sin embargo, sorprendentemente verde serranía del sureste de Lasithi. Casas de piedra encaladas, callejas estrechas y empedradas, arcos y patios llenos de macetas en flor dan al pueblo su carácter; desde las terrazas de sus cafés la vista se pierde a lo lejos sobre el mar de Libia. Es un lugar pequeño, de unas 140 almas, y joven para lo que se estila en Creta – el censo veneciano de 1583 no lo menciona –, aunque un edificio del Minoico Tardío en la cima de Kastelopoulo, por encima de las casas, quizá una atalaya o un puesto de señales, muestra desde cuán antiguo se aprovechan estas alturas. En el borde del pueblo comienza la garganta de Pefki, a la que los vecinos llaman también Anegyros. El sendero baja entre calizas y rocas sedimentarias, a través del matorral y bajo los pinos, hasta Aspros Potamos, el «Río Blanco», un antiguo caserío de casas de pastores de piedra situado sobre Makrygialos.

Pinos, plátanos, algarrobos y encinas crecen a lo largo del camino, y la intemperie ha esculpido la roca en formas extrañas; los farallones blancos de uno y otro lado, que en algunos puntos superan los cien metros de altura, son de una clase que no se ve en ningún otro lugar de Creta. En el trayecto se encuentran la ruina de un viejo molino de agua y el «Peñasco del Sarraceno» (Volakas tou Sarakinou), una imponente roca de cima plana a unos 500 m al norte de Aspros Potamos, en torno a la cual se han ido tejiendo historias de los tiempos de los corsarios. En el extremo inferior de la garganta hay una fuente de buena agua potable, y no lejos se alza la capilla de Agios Georgios, resto de un pequeño monasterio. Quien lo desee puede seguir a pie hasta la playa de Makrygialos, donde el arroyo llega al mar en Analipsi, y rematar la marcha con un baño.

Las cuevas de Apaloustres y Latsida Vreikou

En los contornos del pueblo hay dos cuevas notables. Latsida Vreikou, Vreiko para abreviar, se abre a unos dos kilómetros al nordeste de Pefki, a unos 540 m de altitud, en un paraje llano y despejado que recuerda bastante a una era; una higuera señala la entrada. Dentro hay estalactitas y estalagmitas de rara belleza, y huellas de ocupación humana en el Neolítico, halladas tanto en la entrada como en el fondo de la galería. La cueva se divide en tres partes: una sala norte de 60 m largos de longitud, unos 15 m de anchura y hasta 12 m de altura; un sector sur más húmedo, de decoración especialmente rica, y una tercera cámara a un nivel inferior. La empinada entrada, de unos pocos metros, se salva mediante una escalera de mano colocada por la comunidad del pueblo; desde el aparcamiento no hay más que unos minutos a pie. En las partes interiores viven pequeñas colonias de murciélagos de herradura, especie protegida: conviene guardar silencio y no enfocarlos con la luz. La cueva de Apaloustres queda aproximadamente a dos kilómetros y medio al norte de Pefki, a unos 610 m, al final de una pista de tierra transitable, y se considera la más fácil de las dos: la entrada está casi a ras de suelo y la pista termina unos 150 m antes de ella. Su boca es tan poco visible que constituía un escondite seguro, y su gran sala, de unos 60 por 15 m, sirvió de refugio a los habitantes de los pueblos de alrededor en tiempos de incursiones y desembarcos de piratas. En ella se ha encontrado cerámica de época arcaica, y los huesos de una cabra salvaje sellados en la estalagmita. Cuenta la tradición que en 1930 se hallaron aquí monedas de bronce con la cabeza y el nombre del emperador Marco Aurelio. Ninguna de las dos cuevas está iluminada ni acondicionada para visitantes.

En el pueblo: museo, fuentes y la capilla del Crucificado

En el pueblo mismo, la asociación cultural mantiene un museo de tradición popular, instalado en la antigua escuela, que los vecinos levantaron en 1957 con su propio trabajo comunal. También se conservan objetos de la vida rural cotidiana en las casas viejas y en los pequeños alojamientos que se han hecho con ellas. Por todas partes hay fuentes y caminos antiguos, que se usaban antaño para llegar a los campos, a los pueblos vecinos y a las capillas. Hasta finales del siglo XIX Pefki vivió sobre todo de la ganadería; solo cuando, tras el levantamiento de 1897, las fincas turcas fueron pasando poco a poco a manos cristianas, se convirtió el olivo en la base de su sustento. El primer automóvil llegó al pueblo en septiembre de 1953. En el cerro que domina Pefki, al norte y a unos 620 m, se alza la capilla del Crucificado (Afentis Estavromenos), dedicada a la Santa Cruz: un mirador desde el que se contempla el pueblo a los pies y la costa desde Makrygialos hasta muy al este.

Por último, en la carretera de Analipsi a Koutsouras, está la cueva de Stavsa, donde el agua brota directamente de la roca. Forma parte del conjunto de fuentes locales y sendas tradicionales que en otro tiempo unían los pueblos de la costa con los de la sierra, y se combina fácilmente con un desvío a Pefki, adonde se llega por la carretera que sube desde Analipsi.